DEDICATORIA

Este blog está dedicado a los padres que se pasan horas y horas ante el televisor, mientras sus hijos pasan horas y horas ante la consola, y también está dedicado a los maestros que van al trabajo como quien va a la oficina, como una rutina más de su vida, que han perdido el afán de aprender (¿lo tuvieron alguna vez?) y por ello son incapaces de transmitir el más mínimo entusiasmo por los misterios del mundo a sus desafortunados alumnos.

sábado, 7 de diciembre de 2013

NEILL, LA COMIDA, LOS MODALES Y LOS PARIENTES


SELECCIÓN DE TEXTOS DE A. S. NEILL
En cuanto a los modales en la mesa, Neill advierte que no tienen nada que ver con la etiqueta y la cortesía. Los buenos modales son el resultado de una educación en la libertad, aunque podría ocurrir que esos niños libres coman los guisantes con cuchillo. Los modales auténticos consisten en los demás y sentir por ellos (empatía), que es una forma ética de hallar los límites de la propia libertad en la libertad de los otros, pero que es el resultado de una educación en la libertad y la superación adecuada de la etapa infantil, eminentemente egoísta. No es algo que se aprenda a base de implementar hábitos de cortesía en la mesa.

Los modales no debieran enseñarse nunca. Si un niño de siete años quiere comer con los dedos, debe tener libertad para hacerlo. A ningún niño se le debe ordenar que se conduzca de cierta manera, para tener la aprobación de tía María. Sacrifíquense todos los parentescos y vecindades del mundo antes que echar a perder un niño para toda la vida haciéndole portarse insinceramente. Los modales vienen por sí solos. Los antiguos summerhilleses tienen excelentes modales, aunque algunos de ellos lamían sus platos cuando tenían doce años. A ningún niño se le debe obligar, ni siquiera estimular, a decir muchas gracias.

Este problema de límites se complica con la intervención de los parientes, que además presionan para establecer sus puntos de vista sobre modales y moralidad.

Muchos de mis alumnos sufren demasiado de parentitis. En estos momentos siento grandes deseos de tener una conversación acrimoniosa con los siguientes parientes de mis alumnos: dos abuelos (religiosos), cuatro tías (religiosas y mojigatas), dos tíos (irreligiosos y moralizadores). Prohibí severamente a los padres de uno de mis alumnos que le permitieran visitar a su abuelo, muy amante de las llamas del infierno, pero me contestaron que sería imposible tomar una medida tan radical. ¡Pobre niño

Siempre es preferible, si es posible, que los abuelos vivan separados de los niños, y no con ellos. Lo que suele ocurrir es que los abuelos insisten en formular una ley para la crianza de los niños, o que los estropeen viendo en ellos únicamente lo bueno o lo malo. En los malos hogares los niños tiene cuatro jefes en lugar de dos. Aun en los buenos hogares suele haber tirantez porque la mayor parte de las veces los abuelos insisten en imponer sus anticuadas opiniones sobre la infancia. Los abuelos propenden con frecuencia a echar a perder a los niños con un amor excesivamente posesivo. Suele ocurrir esto cuando la abuela no tiene verdadero interés en la vida después de haber crecido su propia familia. La tercera generación le da la oportunidad de empezar su tarea de nuevo. Con la idea de que su hija o su nuera es incompetente como madre, la abuela interviene, y tiran del niño en dos direcciones, y el niño es capaz de substraerse a ambos lados. Para un niño, un hogar dividido significa un hogar sin amor, bien sea la división entre la madre y la abuelita o bien entre marido y mujer. Aunque la división se le oculte sutilmente al niño, éste nunca es engañado. Siente, sin ser consciente de ello, que en su casa no hay amor.

Y aún más, en relación con la comida:

En Summerhill tratamos a los niños como iguales. En general, respetamos la individualidad y la personalidad del niño exactamente como respetaríamos la individualidad y la personalidad  de un adulto, sabiendo que el niño es diferente del adulto. Nosotros los adultos no exigimos que el tío Bill tenga que dejar limpio su plato, sino le gustan las zanahorias, o que el padre deba lavarse las manos antes de sentarse a comer. Corrigiendo constantemente a los niños, los hacemos sentirse inferiores, ofendemos la dignidad natural. Todo es asunto de valores relativos. En el nombre del cielo, ¿qué importa realmente si Tommy se sienta a la mesa sin lavarse las manos?
Héloïse La Nouvelle

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