DEDICATORIA

Este blog está dedicado a los padres que se pasan horas y horas ante el televisor, mientras sus hijos pasan horas y horas ante la consola, y también está dedicado a los maestros que van al trabajo como quien va a la oficina, como una rutina más de su vida, que han perdido el afán de aprender (¿lo tuvieron alguna vez?) y por ello son incapaces de transmitir el más mínimo entusiasmo por los misterios del mundo a sus desafortunados alumnos.

viernes, 20 de junio de 2014

PEDAGOGÍA TERAPÉUTICA Y CRÍTICA

Despedimos el curso escolar con una recopilación de testimonios aportados por amigos y colegas, que nos muestran hasta qué punto la pedagogía terapéutica vigente en nuestros centros escolares tiene bien poco de pedagogía y mucho menos de terapéutica.

  • En un centro de educación especial del extrarradio de Barcelona, niños con importantes déficits cognitivos y de movilidad son castigados y llevados a los pasillos por portarse mal.
  • Un profesor de educación especial de secundaria nos explica que tiene enormes dificultades para hacer comprender a sus compañeros docentes que un niño disléxico comete inevitablemente faltas de ortografía y no suele hacer buena letra, y por tanto no debe ser evaluado de la misma manera que los demás.
  • Un alumno de nivel medio de ESO, aquejado de síndrome de Tourette y trastorno obsesivo compulsivo, que sigue un programa individualizado en el centro escolar, se queja seriamente de que ninguno de sus profesores lleva a cabo la adaptación correspondiente a sus necesidades, por lo que acaba suspendiendo casi todas las asignaturas. Al parecer, bastaría con que este alumno pudiese presentar las tareas escolares realizadas en el ordenador, y pudiese realizar los exámenes oralmente, pero los profesores se resisten a hacer estas excepciones porque piensan que debe ser evaluado como los demás, que ha de tomar la libreta y el bolígrafo y ponerse a trabajar como todos. En este sentido, además de una inquietante obsesión por la uniformidad, estos docentes equiparan la escuela a un centro de producción, cuando en realidad es un lugar de aprendizaje. Es evidente que esto va más allá de la pedagogía terapéutica, pues pone de manifiesto una concepción general de la educación que no ha sabido superar estadios tradicionales, basados en las formas productivas de la etapa industrial.
  • Nos reportan un caso de dislexia que precisó de dos años para que la profesional del EAP del centro escolar de primaria llevase a cabo un diagnóstico. Durante ese tiempo, a pesar de las demandas de los padres, los docentes trataron al alumno como un caso más de "hace mala letra porque le da la gana".
  • Hay numerosos casos de Asperger en los centros escolares, a menudo sin suscitar ninguna acción. Estos alumnos son especiales, tienen dificultades de relación con sus compañeros, quizás no tanto con los adultos, pero siguiendo un programa adaptado todos ellos pueden rendir académicamente e incluso sobresalir en algunas áreas. Es una lástima que la mayoría de los docentes no se tomen en serios esta problemática y se empeñen en evaluar a estos niños igual que a los demás. Las quejas provienen básicamente de padres que se han hecho cargo de la situación de sus hijos y exigen a las escuelas que apliquen la pedagogía adecuada a su caso. A menudo, estos padres son tachados de sobreprotectores cuando sólo piden que los profesionales actúen correctamente: un tratamiento diferente para quien es diferente. A un alumno con Asperger no se le puede poner un examen redactado como si fuera un niño normal, porque su forma de procesar la información es diferente. Del mismo modo, su forma de expresión escrita tampoco va a ser la normal, no va a ajustarse a los límites esperados porque no puede gestionar bien toda la información que posee sobre un tema. Si tiene mala caligrafía, debería poder presentar los trabajos realizados en el ordenador. En el ámbito de la relación, el docente debe prestarle mayor atención individual, si quiere que capte un mensaje colectivo debe dirigirse a al alumno, o dárselo por escrito. Con una Asperger no vale un "lo dije a toda la clase, lo repetí dos veces".
  • Para algunos docentes, lo importante es que un niño con síndrome de Down aprenda a saludar y despedirse correctamente. Este empeño en la formación de hábitos formales no es tan inofensivo como parece, pues esconde una perversa concepción de la enfermedad mental: es mejor que parezcan normales, que aprendan a no molestar.
  • Este es un caso muy significativo. Por casualidad, un profesor de educación especial de un instituto entra en una clase para hablar con un alumno suyo, y advierte que hay otro cuya postura le llama la atención: está sentado con los brazos caídos, la mesa vacío, actitud pasiva. Se interesa por él, pregunta. Lleva todo el curso así, apenas interesado por nada, sin hablar con sus compañeros, sin responder a las preguntas de los profesores, sin llevar a cabo las tareas, etc. Lo más grave es que estamos en junio. Ningún profesor ha comunicado a su colega de educación especial tiene un caso así en el aula, que evidentemente requiere su atención. ¿Por qué? Sencillamente, porque este alumno no molesta, no interfiere. Si tuviese hiperactividad habrían saltados las alarmas el primer día de clase.




Notamos en muchos docentes cierta resistencia a cambiar de estrategias o métodos, a pesar de que en realidad eso no supone más que un primer esfuerzo. Pero si el sistema educativo sigue centrado en el docente, en lugar de llevar a cabo de una vez por todas ese urgente giro copernicano para centrarse en el alumno _cosa que ya Rousseau demandaba_, es necesario que los profesionales de la enseñanza adquieran las competencias necesarias para asumir todos esos retos que, al fin y al cabo, han estado ahí siempre, ante sus ojos, pero tapados por la masa de alumnos llamados normales.

Así que, para acabar bien el curso, vamos a hacer lo mismo que los docentes tradicionales: poner deberes. Si ellos creen que sirven para algo más que fastidiar las largas vacaciones de los niños (que ellos también van a disfrutar, a diferencia del resto de trabajadores), pues nada, que asuman también ese fastidio y dediquen un ratito de cada día a leer alguno de esos libros, pues es evidente que muchos de estos docentes "deberían esforzarse más para alcanzar el nivel deseable".

Recomendamos:


Howard Gardner, Inteligencias múltiples. La teoría en la práctica. Barcelona, Paidós, 2011.

La teoría de las inteligencias múltiples llevada a las aulas.













Daniel Pennac, Como una novela. Barcelona, Anagrama.

Revolucionaria estrategia para estimular la lectura en los niños.














Daniel Pennac, Mal de escuela. Mondadori, 2008.

Una crítica mordaz a la escuela tradicional.
















Podríamos recomendar algunos más, pero a riesgo de saturar a los docentes tradicionales.



 Feliz verano.
Héloïse La Nouvelle













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