DEDICATORIA

Este blog está dedicado a los padres que se pasan horas y horas ante el televisor, mientras sus hijos pasan horas y horas ante la consola, y también está dedicado a los maestros que van al trabajo como quien va a la oficina, como una rutina más de su vida, que han perdido el afán de aprender (¿lo tuvieron alguna vez?) y por ello son incapaces de transmitir el más mínimo entusiasmo por los misterios del mundo a sus desafortunados alumnos.
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sábado, 9 de marzo de 2013

VIEJA ESCUELA

Una madre nos escribe, planteándonos una duda importante:

He recibido un formulario desde la escuela de mis hijos. Es una encuesta de calidad para una evaluación interna, y piden a los padres su opinión sobre algunos aspectos de la relación entre el centro y las familias. Ya era hora, creo que hasta ahora vivían en la inopia.

Se supone que la encuesta es anónima, y todas las preguntas llevan como respuesta una escala del 1 al 5. Sin embargo, en la última pregunta se solicita la opinión personal sobre la cuestio. Es aquí donde surgen mis dudas, porque mi opinión puede ser muy negativa sobre el funcionamiento de la escuela, y no sé hasta qué punto va a poder ser reconocida mi autoría, ni si  podría tener consecuencias negativas para mis hijos.  Seguidamente les expongo mis ideas, y después espero que alguien añada alguna opinión que me ayude. Gracias.


"Como padres de alumnos de este centro, pensamos que el actual equipo directivo no está preparado para afrontar las situaciones de violencia estructural que se viven en el entorno y dentro de este centro. Sus estrategias siguen siendo tradicionales, cuando no tópicas, a menudo autoritarias, y en demasiadas ocasiones parece que piensen que los conflictos se resuelven haciendo caso omiso, como si no los hubiese, confiando en que el tiempo lo arregla todo. Y, efectivamente, con el tiempo los conflictos se resuelven, porque los alumnos que los causas y los que los sufren pasan del colegio al instituto, y quizás los arrastran consigo. Por lo demás, qué se puede esperar de un director que ha dado segundas oportunidades a un maestro sospechoso de cometer un delito grave, esperando que todo se puediese arreglar de puertas adentro.

El principal obstáculo en las relaciones entre el centro y las familias es que los miembros del equipo directivo, más algunos maestros que están aún y otros que (afortunadamente) se acaban de jubilar, piensan que los padres son, por definición, el enemigo a cubrir, y que la colaboración consiste en que los padres hagan todo lo que dicen los maestros, porque ellos tienen la verdad. Nunca hacen revisión interna de sus actitudes, suelen cerrarse en banda, mediante la defensa corporativa. Y el AMPA del centro no está a la altura de las circunstancas, están vendidos al equipo directivo.

La solución a todo esto, posiblemente, vendrá con el tiempo: estos maestros se jubilarán y quizás serán reemplazados por otros más jóvenes, con más energía y menos autoritarismo, pero todo depende del azar."





lunes, 12 de marzo de 2012

Un fragmento del siglo XVIII

por Héloïse La Nouvelle


"Crieme como todos los niños, con teta y moco, lágrimas y caca [...]. Ensuciando pañales, faldas y talegos, llorando a chorros, gimiendo a pausas, hecho el hazmerreir de las viejas de la vecindad  y el embelesamiento de mis padres, hasta que llegó el tiempo de la escuela y los sabañones.
[...]
A los cinco años me pusieron mis padres la cartilla en la mano, y, con ella, me clavaron en el corazón el miedo al maestro, el horror a la escuela, el susto continuado a los azotes y las demás angustias que la buena crianza tiene establecida contra los inocentes muchachos. Pagué con las nalgas el saber leer, y con muchos sopapos y palmetas el saber escribir; y en este Argel estuve hasta los diez años, habiendo padecido cinco en el cautiverio de Pedro Rico, que así se llamaba el comitre que me retuvo en su galera."

Diego de Torres Villarroel, Vida, Trozo Primero. Madrid, Aguilar, 1970.

Este fragmento está escrito a mediados del siglo XVIII, por la pluma de un genial escritor, un hombre de letras que salió de la escuela sin apenas interés por las letras y mucho menos por los libros llenos de ellas. Es muy probable que muchos lectores de hoy alberguen recuerdos parecidos de sus años escolares, porque la escuela tradicional, disciplinaria y a menudo violenta, está ahí detrás, en nuestra historia reciente.

Cuando yo tenía siete u ocho años presencié un salvaje acto de violencia, pertrechado por un maestro contra un alumno. Se llamaba Eliecer M. B. Valga decir que ese alumno era también un salvaje, pero era sólo un niño salvaje. El chaval acabó medio sepultado bajo un montón de pupitres tumbados, mientras el mestro le zumbaba por alguna razón que ahora no recuerdo. Sí que recuerdo la expresión de ira en la cara desencajada del maestro, que era también el director de colegio, y miembro además del Tribunal Tutelar de Menores. Supongo que a estas alturas está muerto, e imagino que arde en el infierno.