DEDICATORIA

Este blog está dedicado a los padres que se pasan horas y horas ante el televisor, mientras sus hijos pasan horas y horas ante la consola, y también está dedicado a los maestros que van al trabajo como quien va a la oficina, como una rutina más de su vida, que han perdido el afán de aprender (¿lo tuvieron alguna vez?) y por ello son incapaces de transmitir el más mínimo entusiasmo por los misterios del mundo a sus desafortunados alumnos.

martes, 20 de noviembre de 2012

INCOMPETÈNCIA ORTOGRÀFICA

Què passa si de l'escola dels teus fills arriba una nota informativa amb errades ortogràfiques i gramaticals? Què has de fer en aquesta situació?


  • Tornar-la al centre, signada i amb les errades corregides:       NO, MAI!
  • Fer com si res:       CORRECTE 
 RECORDA: als mestres els agrada corregir, però no que els corregeixin.


És un consell d'Héloïsse La Nouvelle

miércoles, 3 de octubre de 2012

La política educativa del PP


El ser humano tiene dos pasiones filosóficas en su vida social, la justicia y la libertad. Si ambas pasiones se debilitan, entonces actividades como la política o la economía pierden toda dignidad y mérito y se vuelven inmorales. Los gobernantes deberían vivir estas dos pasiones y cuando hablan de educación deberían entender que es aquella experiencia humana que despierta y mueve esas dos pasiones. Porque, ¿qué es una educación sin el ideal de la justicia y de la libertad? Pues simplemente competitividad, esa palabra talismán que los políticos del PP, unos mediocres intelectuales e imbéciles morales, emplean para conjurar la actual coyuntura de crisis económica. Una palabra cuya definición léxica es “rivalidad para la consecución de un fin”. Pero, ¿acaso se puede rivalizar en la consecución de la justicia y de la libertad? ¿Puede haber ganadores y perdedores, aprobados y suspensos, promocionados y repetidores en el logro de esos dos máximos ideales de la cultura humana? La competitividad no es una capacidad para fomentar y potenciar esos dos ideales culturales, sino para conservar los intereses crematísticos y aumentar las actividades lucrativas de un pequeño número de personas, los ricos,  y sólo sirve para legitimar una forma de gobierno, la plutocracia, que representa un poder injusto y liberticida para la mayoría de la sociedad. Escuchemos a sus defensores, con esa seriedad y arrogancia que reviste la estupidez humana y el fracaso de nuestra inteligencia:



¿Qué quiere la gente del pueblo? Que la dejen vivir en paz, progresar materialmente, tener a su disposición los remedios a sus enfermedades y que sus hijos disfruten de una educación de calidad e inclusiva sin ninguna clase de segregación, que les proporcione oportunidades y con ellas superar los condicionantes económicos de partida, como sólo la educación pública puede garantizar o el control presupuestario de la educación concertada. Parece mentira que algo tan elemental lo hayan olvidado los actuales gobernantes del PP, para quienes la educación o está al servicio de la plutocracia o no está si la alternativa es estar al servicio del pueblo. Cómo si no entender los drásticos recortes en la educación pública, que no es otra cosa que dejar sin futuro ni esperanza a los más desfavorecidos de nuestra sociedad por la brutal competitividad. Resultan refrescantes para la memoria los siguientes pensamientos ilustrados del venezolano  Simón Rodríguez (1771-1855) sobre la misión moral de los gobernantes de garantizar la educación del pueblo:



Recuerdo una tira cómica de Quino en la que en la primera viñeta Mafalda lee en un diccionario la definición etimológica de democracia y en las tres siguientes se parte el culo de risa. No conozco nada mejor para expresar esa realidad virtual en la que la ideología ultraliberal presiona desde hace ya unas cuántas décadas para recluirnos. Merece la pena verlas:



Podemos seguir llamando democracia a un sistema político en el que quien gobierna sólo se dirige al pueblo para solicitar sus votos mediante procedimientos demagógicos y que después toda su acción de gobierno se realiza en contra de los intereses de ese mismo pueblo, incluso contradiciendo su programa electoral, por lo que ese pueblo ya no ejerce de hecho ninguna soberanía.  Nada bueno podemos esperar de ese gobierno. Y mucho menos una buena educación que nos haga amantes de la justicia y de la libertad, porque esas dos pasiones se consideran su mayor peligro y amenaza, y tratarán por todos los medios de erradicarlas de la educación de los niños y los jóvenes. La educación se convertirá con esos demagogos al servicio de la oligarquía instaurada en cada país y verdadero gobierno no electo en la sombra, en un grosero ejercicio de competitividad, llenándose la boca con palabras como excelencia cuando sus mentes sólo piensan en una palabra, negocio. La educación nunca mejorará con esta clase de gobernantes, que han traicionado la democracia y han hecho de la política la profesión más indigna, al prostituir la soberanía popular en beneficio de los ricos. No perdamos más tiempo con estos políticos, no esperemos nada de ellos. Pero tampoco nos resignemos. Enfrentémonos, desobedezcamos sus leyes, ocupemos todos los intersticios de su ilegítimo poder, utilizemos todas sus contradicciones, que también son las nuestras, para defender la justicia y la libertad, y con ellas los dos contenidos fundamentales de la educación, que o bien es cívica o bien es criminal.  Escuchemos ahora a George Carlin,  cuya incisivas palabras tienen un efecto catártico en la medida que arrastra, como el agua la suciedad, toda nuestra idiotez como ciudadanos temerosos, pasivos, obedientes y crédulos:



Si alguien tiene todavía alguna duda sobre las intenciones de los representantes políticos del PP en materia de educación, si le parece que mi argumentación es arbitraria y sesgada ideológicamente, entonces que escuche por segunda vez, pero esta vez con el campo semántico de la competitividad suficientemente ampliado, el concepto de educación que tienen los actuales gobernantes del PP, para quienes la educación tiene que estar al servicio de la economía y de las empresas, y se tiene que prestar, como fiel auxiliar, a su campo de experimentación (prácticas de empresa) y adoctrinamiento  (emprendeduría). Dicho con otras palabras, expulsemos de las escuelas las ideas de justicia y libertad e instauremos el dominio de la utilidad y el beneficio. Pero como su ignorancia no tiene límites, por no saber no saben que una economía política para ser legítima se fundamenta en una filosofía moral. Adam Smith primero publicó su ensayo La teoría de los sentimientos morales (1859) y diecisiete (sic) años después su investigación La riqueza de las naciones (1776):



El genuino acto revolucionario que un profesor puede hacer hoy en día de subversión del poder del PP y de crítica de su ideología ultraliberal, que omite la filosofía moral de su propia tradición, ya no puede ser otro que ejercer la docencia como si se tratase de un combate cultural en su respectivo centro de enseñanza. Pasar por encima de los currículos, cambiar la naturaleza de las evaluaciones, llenar el espacio del aula de aquel espíritu ilustrado que armonizaba el ideal de la justicia con el ideal de la libertad. La barricada está en su palabra valiente, que debe servir para frenar la barbarie del utilitarismo más grosero, y las armas están en su pensamiento crítico y en su anhelo de emancipación de toda forma de idiotización. Hay que ejercer la docencia como un acto revolucionario poniendo nuestros más nobles ideales de civilidad al serviciode la educación de unos ciudadanos justos y libres.

August Mann

lunes, 1 de octubre de 2012

COPIAR DESPRÉS DE LLEGIR

Sóc professora de filosofia i tinc dos fills, un a la primària i l'altre ha començat aquest curs el primEr d'ESO. Quan als anys 80 vaig fer 3r de BUP, l'equivalent a l'actual 1r de batxillerat, vaig entrar en contacte per primera vegada amb aquesta matèria tan especial que és la filosofia. Puc dir que la vaig odiar des del primer dia. La professora que vaig tenir ens dictava cada sessió el que havíem d'aprendre, i després, a l'examen, havíem de repetir tot exactament igual, amb punts i comes. Encara conservo els apunts que em vaig passar a màquina, per poder llegir-los millor i memoritzar-los. No recordo haver après gaire cosa, llevat que la filosofia era un veritable rotllo; recordo el rostre d'aquella Rotenmeier, però no el seu nom. El curs següent, la història de la filosofia la donava el professor Raga, i va ser tot un canvi; aquell ésser petit i de veu fluixa t'explicava les coses com una novel·la, sense llibre de text, només els textos dels autors que havíem d'estudiar i un llibre recomanat, una de les millors introduccions a la filosofia que he llegit, la Breve historia de la filosofia, de Justus Hartnack. Resultat: vaig estudiar filosofia.

Tot això que he explicat té un propòsit: han passat els anys i sembla que no ha canviat gaire la cosa, encara hi ha professors que pensen que els alumnes aprenen copiant i repetint els continguts del llibre. No és només la precària dependència del llibre, sinó el fet de duplicar els continguts en comptes de explicar-los i fer-los servir de punt de partida per ampliar l'horitzó, la perspectiva, convidar a la participació, a l'aportació, a pensar noves idees, etc. És el cas de la professora de tecnologia del meu fill gran, que acaba de demanar a la classe la còpia a la llibreta de gairebé tot el tema 1 del llibre, a més dels exercicis que fan preguntes relatives al contingut del tema, és a dir, que per respondre-les només cal buscar al llibre, mai més enllà del llibre. Merda de llibre.


No sé què he de fer, senyors del blog que reben aquestes informacions, no sé què en diran, quan comentin aquesta carta. Jo estic per demanar de parlar amb el director de l'institut, o amb algun inspector, però em temo que la competència didàctica de tots dos serà fins i tot inferior a la de la professora.

Jo hem pregunto quina és la intencionalitat d'aquest mètode, vull dir la intencionalitat oculta, aquella que no surt a les programacions ni en els objectius generals ni en els terminals, que ja estic fins als ovaris d'aquestes merdes. Tothom va a la seva, copia les programacions i després fa el que vol a la classe, de vegades sense saber ben bé on volen anar. Què intentem que aprenguin els nostres alumnes si els fem copiar el llibre a la llibreta? No ho sé. Tal vegada que facin el mateix que nosaltres, copiar les programacions, copiar als nostres companys? Copiar és la negació de pensar, d'idear, de crear, d'innovar. És això, sembla que volem aturar les coses on eren fa trenta anys, quan em feien aprendre filosofia com a l'escola medieval. I ja sabem què passava a l'Edat Mitjana: que ningú sabia res que no hagués estat dit a l'Antiguitat clàssica.

Una mare cabrejada


miércoles, 26 de septiembre de 2012

DIDÁCTICA DE LA VIEJA ESCUELA

Hay cosas que no cambian, la vieja escuela sigue vigente pese a todas las innovaciones tecnológicas, los ordenadores en el aula y las nuevas corrientes pedagógicas. Pocos cambios en los métodos, tanto da si el docente en joven o mayor, esos procesos se contagian en la sala de profesores, o en la universidad, quién sabe.

El método sigue siendo ancestralmente magistral (es el método de algunos profesores de mis hijos, el mismo que pude experimentar en mis años de escuela primaria y secundaria, salvo raras excepciones): el profesor va leyendo el texto de la lección, llega a un lugar importante (él decide que es importante) y ordena subrayar o encuadrar la información, sea en el libro o copiando en la libreta. Tanto da si en el aula se usa un libro en papel o un libro electrónico en ordenador portátil, el proceso didáctico acaba siendo el mismo, en dos momentos:

  • Escuchar lo que dice el docente
  • Copiar lo que dice el docente
Una variación de este método consistiría en hace leer a los alumnos el texto del libro o en la pantalla del ordenador.

Es evidente que los alumnos han de acceder a la información de alguna manera, que es básicamente leyendo, y es evidente también que eso no lo van a hacer por cuenta propia, si no hay un estímulo previo, ni lo van a hacer en su casa, salvo raras excepciones. Está claro que comenzando por aquí, el proceso va a ser el antes descrito. La clave del mismo consiste en esos dos momentos, escuchar-leer y copiar, que soslayan, o casi mejor entierran hondamente, todo ánimo participativo, creativo y constructivo en el alumnado. Para ellos, todo se reduce a escuchar-leer y copiar, escuchar lo que se lee y copiar lo que se indica, sin salir del libro.

No hay en este método el más mínimo interés por fomentar el autoaprendizaje (el únjco aprendizaje que realmente funciona), la búsqueda de información complementaria, la construcción del tema (ya que el tema ya está suficientemente construido en el libro, y no hay que salir de sus límites, es malo ir más allá) y el uso de los recursos propios del alumnado. La cuestión es que los alumnos pasen las páginas del libro y acumulen la información, la copien y repitan los contenidos. Acumulación, retención, memoria. Ya está, aquí nos quedamos, acabamos el tema y vamos a por otro, que hay que terminar el libro y hay que cumplir con la programación.

Héloïse La Nouevelle


jueves, 13 de septiembre de 2012

REPRESIÓN NORMATIVA


Nos ha llegado esta protesta de unos padres que acaban de llevar a su hijo al Instituto por primera vez. Al margen de que puedan estar de acuerdo con la mayoría de las normas de convivencia del centro, no entienden el carácter represivo de algunas de ellas, tales como las caprichosas limitaciones a la fisiología humana, en forma de restricciones a la necesidad de beber y de hacer pipí.










Nos comentan:

"Nos parece que estas limitaciones son incompatibles con cualquier consejo médico, no entendemos cómo puede ser sano no poder hacer pis desde que entran, a las 8 de la mañana, hasta la hora del patio, a las 11, y luego otra vez desde que acaba el patio, 11:30, hasta que salen a las 14:30; tampoco es compatible con el buen desayuno que recomiendan los dietistas. Eso sí, los profes tienen llave y pueden ir al lavabo cuando les vengan ganas, y no se privan de agua si es necesario. Al menos, un poco de coherencia."

jueves, 23 de agosto de 2012

Entrevista a Pennac


La sección de libros de La Vanguardia se ocupó el pasado día 21 de agosto del nuevo libro de Daniel Pennac, Diario de un cuerpo, y lo hizo con una entrevista que reproducimos aquí íntegramente. Puede leerse también en este enlace.



Daniel Pennac: "Las teorías psicosomáticas son una forma velada de dar lecciones morales"

El autor de libros 'Como una novela' y 'Mal de escuela', publica 'Diario de un cuerpo'

Libros | 21/08/2012 - 00:00h
Pedro Vallín
Madrid 


Para un escritor de éxito, más aún si el éxito es también crítico, no es fácil proveer su obra de nuevos desafíos. A Daniel Pennac (Casablanca 1944), autor de Como una novela y Mal de escuela (Anagrama y Mondadori, en castellano; Empúries, en catalán), se le ocurrió explorar una terra incognita de la literatura, la fe del cuerpo. Diario de un cuerpo (Mondadori/Empuries) emplea la forma del falso diario, el que el protagonista deja a su hija al morir, en el que da cuenta de cuanto le ocurre desde la perspectiva sensorial. Los cinco sentidos, y no la pisque, son la forma en que la biografía del protagonista llega hasta el lector. El falso diarista no trata de comunicar emociones, sino sensaciones, y así el autor habla de cuanto la narrativa apenas explora.

Una cuestión casi previa: uno de los términos que no se usa en el libro y que ni siquiera en las notas de prensa se menciona es el pudor, que planea sobre toda la novela, tanto desde la perspectiva del autor como la del lector. Todo el libro versa sobre lo habitualmente sobreentendido, lo no dicho. ¿Estuvo presente ese concepto de pudor durante la escritura?


Vamos a denominar el pudor de otro modo: hablemos del silencio. Porque en el fondo el ámbito del pudor es el campo inmenso de todo eso que no se dice. Y cuando buscamos, cuando levantamos ese manto de silencio, nos damos cuenta de que las palabras que cubre fundamentalmente están relacionadas con lo físico, con el cuerpo. De hecho, ya Montaigne decía que hablamos alegremente de robar, mentir, matar, engañar, pero no pronunciamos ninguno de los verbos relativos al cuerpo sin ruborizarnos. Y a Montaigne le parecía muy sorprendente. Así que desde ese punto de vista este libro está escrito sobre el silencio, como si cada página fuera un pequeño rectángulo de silencio.

¿Y eso le supuso problema, el temor de convocar el pudor del público?

Como autor no me planteó ningún problema porque el cuerpo era el sujeto y el objeto del libro. En cuanto al lector, en mi veterana experiencia, he visto a menudo que no sabemos nunca en qué momento vamos a producirle un shock al lector, las reacciones del lector son siempre inesperadas. Y por tanto es algo sensato no preocuparse de ellas porque de todos modos nos vamos a confundir. En un 75% de las veces reacciona de forma diferente a como habíamos pensado.

Uno de los juicios más chocantes del libro, no por motivos de pudor, es un pasaje muy corto en el que el personaje se indigna ante quien dice que no quiere visitar a un amigo en el lecho de la enfermedad porque prefiere guardar el recuerdo de cuando estaba bien, de su vitalidad. Este escrúpulo es muy propio de las ciudades, donde la enfermedad y la muerte son invisibles.


Esto es extraordinario. Hace un mes, perdí a un amigo, que era como un hermano, lo conocía desde 1969. Y mi mujer y yo lo habíamos acogido en casa durante los últimos meses de su vida. Casi hasta el final, porque los últimos días, a pesar de haber medicalizado una habitación, tuvo que trasladarse al hospital. Pues cuando lo trasladamos a casa, todo el mundo nos decía, "pero cómo es posible, no os dais cuenta de lo que estáis haciendo…". Pero es muy extraño porque está casi dentro del campo de los prejuicios, es como si prejuzgáramos la incapacidad de los demás de curarse los unos a los otros. Es un prejuicio absoluto. Cuando tienes en casa a alguien muy enfermo, después de tres días, sigues siendo consciente de que es alguien grave, muy enfermo, pero es una compañía como cualquier otra. Es mi viejo amigo, al cual conozco desde hace cuarenta años, él no ha cambiado, la enfermedad no ha modificado su naturaleza. Los cuatro o cinco cánceres que lo invaden no lo han modificado, es el mismo amigo con el cual he pasado cuarenta años de complicidad intelectual, de diversión, de lecturas, de enfados por razones políticas… es mi amigo, mi amigo del alma, y es normal que, si me ha abierto en tantas ocasiones las puertas de su casa, yo le acompañe a la puerta en el momento en que se va. Y esto se aplica a él como se aplica para mis padres, para otros amigos... Si no, es como si sólo pudiéramos vivir la vida con aquellos con quienes es agradable. Es como si me invitaras a cenar y sólo tomara el vino, o el postre. Y quiero añadir algo más.

Dígame.

Hay algo que detesto en esta actitud. Nos condena a todos a la soledad. Morimos totalmente solos porque tenemos amigos demasiado delicados. Es increíble. Es algo que oigo muy a menudo: "Prefiero guardar un recuerdo de él cuando era…". Vaya una mierda…, con perdón.

Hay algo que acompaña el libro y que supongo que habrá acompañado las entrevistas de esta promoción: un intento de convocar el espíritu del personaje cuando el diario que escribe tiene la vocación justamente contraria. Como si fuera imposible hablar del cuerpo sin que sea tomado como una metáfora.
¿Cómo se llama usted?

Pedro.

Mire, Pedro, no vale la pena que continuemos esta entrevista.

¿…?
Usted hace las preguntas buenas e importantes y encima las contesta bien.

Vaya, gracias…, lo siento. Sólo quería conversar sobre su novela.

Verá, esto es lo que a mí me parecía apasionante de este libro, desde el punto de vista literario. Describe un cuerpo con detalle para hacer el retrato de un espíritu, digamos si lo prefiere, un alma sin el elemento religioso. Es decir, una identidad, un temperamento. Ese ha sido el verdadero trabajo literario. Si quiere respuestas técnicas, las hay.

¿Por ejemplo?

Hay trucos, por ejemplo, la carta que le escribe a su hija de un lado a otro de la novela. Es uno de los recursos que he utilizado para crear ese sentimiento paradójico que usted ha tenido.

Pero hay un esfuerzo por huir de las interpretaciones al uso, sobre todo las de tipo freudiano que categorizan de un modo moral cada estado del cuerpo. En algún pasaje del libro alguien reflexiona sobre el atraso, el atavismo, de buscar, ante una enfermedad, el pecado que la origina, el error moral cometido por el sujeto de la patología.

Cierto, es el discurso psicosomático. Es verdad que cuando oigo estos discursos psicosomáticos -en general, hay una especie de monólogo psicosomático- me indigno. Porque la realidad psicosomática existe, que algunas de nuestras emociones tienen un efecto en el cuerpo es cierto. Pero la teorización psicosomática global es una forma velada de hacer moral, de dar lecciones de moral sin decirlo, apoyándose en una especie de base pseudocientífica.

Es una de las principales impugnaciones del libro, precisamente el discurso habitual en relación con el cuerpo, una culpabilización que está en la religión pero también en el psicoanálisis.

El problema del psicoanálisis, cómo decirlo, es que el psicoanálisis no existe, lo que existen son psicoanalistas. Justamente al revés de lo que ocurre con el comunismo: el comunismo existe, pero los comunistas no existen, porque siempre se plantea una cuestión de poder y entonces lo confiscan, así que ya no son comunistas. El psicoanálisis, como teoría general es risible. Sin embargo cuando me encuentro con un psicoanalista, digo "mira, un practicante, qué bien".

No sé si le entiendo.

Porque él no practica el psicoanálisis como una cultura, no la confisca como un poder cultural. La utiliza como herramienta que funciona de vez en cuando.

Al principio de su novela, cuando el protagonista explica a su hija la relación que las generaciones sucesivas han ido teniendo con el cuerpo, admite que él es un tipo del siglo XIX, pero considera que las generaciones posteriores siguen sin haber normalizado la relación con lo físico, lo sensorial. En España, tras el nacionalcatolicismo, se pasó de considerar el sexo como un tabú a convertirlo en un mito pagano: se vincula el cuerpo a un ámbito sagrado de la dignidad.

Hoy asistimos a una exposición llevada al extremo del cuerpo. Sea a través de la publicidad, del porno, de la representación médica —que retrata el cuerpo por dentro y por fuera de mil modos—, el cuerpo está infinitamente expuesto. Y sin embargo la relación privada de cada uno de nosotros con nuestro cuerpo sigue siendo tan secreta como en el siglo XIX. Soy francés y no hablo del siglo XIX por casualidad…

Explíquese.

Pues creo que el pudor, la noción de pudor que comentábamos antes, ese manto de silencio, en Francia empieza alrededor de 1830, justo después del romanticismo. De pronto, aparece una burguesía que empieza a trabajar para pagar toda la vajilla rota por Napoleón en Europa, empezando por España. Había que devolver todo eso, y ahí hay, en esos matrimonios burgueses de la época, la esencia del contrato económico: la familia de él se casa con la de ella para fijar una alianza de dos empresas, por ejemplo. Eso, ese capitalismo patrimonial, dura un siglo y medio y va a disolverse con el nacimiento del capitalismo de las multinacionales y la globalización que pondrá fin a ese modelo. Toda esa gente que eran jefes, se convierten en asalariados y en esos años van a empezar a divorciarse, pero hasta entonces no podían hacerlo, porque el matrimonio era un contrato económico, y en el interior, para que se mantuviera había que anular el cuerpo. No podía acostarse uno con la chica de su clase social de la familia de al lado. Por eso en el siglo XIX, la consecuencia de todo eso es que había una sexualidad burguesa muy ligada a la prostitución, con las bailarinas de la ópera, por ejemplo, a las que llamábamos “las ratitas de la ópera”, que suponían una reserva de posibles amantes para la burguesía bien instalada. Y esto es algo totalmente nuevo porque en el siglo precedente, incluso en los dos siglos anteriores, en la corte de Luis XIV mismamente, había alianzas por el nombre, entre familias, pero no eran alianzas económicas, y ahí todo el mundo se acostaba con todo el mundo. Había una especie de mezcolanza sexual en Versalles absolutamente increíble. De ahí el interés de la novela La princesa de Cléves [anónimo de 1678 considerado por muchos el inicio de la novela psicológica] que es el rechazo de esta disolución del cuerpo en un amor plural. Después de la revolución aparece esta aventura napoleónica increíble, exaltación inusitada del cuerpo violento. Hay una frase muy emblemática de aquella época, cuando Napoleón le envía un mensaje a Josefina, "No te laves, que llego". Alrededor de eso hay toda una filosofía del amor físico. Después de la aventura napoleónica, durante unos 15 años, la aventura romántica es una exposición hasta el extremo, hasta el suicidio. Y de pronto llega 1830 y dejamos de reírnos.

Buf.

Llegó el concepto de pudor, en cuya página en blanco mi narrador escribe su diario. Pero, bueno, yo no acabo de ver ese misticismo actual del que habla, quizá porque no somos de la misma generación.

Le pongo un ejemplo: no hay organizaciones que vigilen y persigan la venta de la conciencia, entendiendo que forme parte del núcleo duro de la dignidad. Un político, un periodista, un escritor…, puede poner su conciencia en venta al mejor postor. Sin embargo sí las hay que luchan contra el comercio del cuerpo.

Sí, pero esto es lo que permanece, lo que queda de ese pudor burgués que privilegia los estados del cuerpo mientras que tiene tendencia a prostituir los estados mentales. Cualquiera vende sus convicciones a cualquier precio. Pero establecido esto, considero que el cuerpo no es una mercancía. Porque si lo considero una posible mercancía sexual, poco a poco, por qué limitarme al sexo.

¿Venta de órganos?

Claro, puedo adoptar esa posición dando por normal el comercio de órganos, que sea normal que una pequeña brasileña de una favela que sea fuerte venda su riñón para comprarse un iPhone. Hay que desconfiar. Y de hecho creo que el cuerpo no es una mercancía y tampoco los libros.

Esto requiere un desarrollo.

Quizá en España también ocurre. En Francia hay una política de precio único.

Sí, aquí también.


Pues sirve para evitar la especulación y me ha sorprendido constatar que los argentinos tienen la misma ley. Me encanta esta política, el libro no es una mercancía como las demás. Es un producto que debe tener un precio único de modo que sea accesible al mayor número de personas. Y de hecho me parece que son muy caros los libros…
…Incluidos los míos.


Una cuestión de estilo: Cuando uno hace un falso diario tiene que conjugar un lenguaje verosímil para que no parezca obra de un literato, aunque su protagonista es obvio que tiene una buena instrucción ya con 13 años. ¿Cómo fue conjugando a lo largo de la novela el lenguaje de cada edad?

Formalmente, en realidad, muy pronto adquiere un lenguaje maduro, como un pequeño adulto. Es lo que podemos encontrar en la correspondencia entre el joven Baudelaire y su madre. Cuando las lees, esas cartas son increíbles, pero si prestas atención te das cuenta de que son cartas escritas por un niño. Yo quería reproducir ese fenómeno. Formalmente, este niño escribe como un adulto, pero es en su actitud y razonamiento, su capacidad para reflexionar de forma cada vez más sutil, donde vemos que va cumpliendo años. No sé si lo he logrado pero quería ir en esa dirección. Los pasajes que escribe cuando tiene 75 años, por ejemplo, no podría haberlos escrito un niño. Sin embargo, cuando tiene 13 años y escribe "también quiero escribir el diario de mi cuerpo porque todo el mundo habla de otra cosa" es una observación que un niño espabilado puede hacer, sobre todo porque lee los diarios íntimos de otros chicos de su edad y le parece que escriben de cualquier cosa. Claro, escriben a partir de la emoción. Y de repente dice "yo dentro de 50 años quiero que lo que escribo hoy diga lo mismo entonces". Y puede escribir eso con 13 años.

El personaje llega a escribir “tengo que recordar no escribir en el fragor de las emociones, dejarlas reposar”.

Sí, porque odia los diarios íntimos, a causa a la turbación que la emoción proyecta en la frase. Y de hecho es cierto. Yo de los 18 a los 19 años escribí un diario íntimo y todo lo que escribía era producto de la emoción, de la convulsión, y muy rápidamente pasaba a la opinión general, a la petición de principios. Sin embargo, unas semanas después, al releerlo, me parecía que no tenían sentido ninguno, ningún interés.

domingo, 12 de agosto de 2012

Reflexiones sobre educación

Nuestro colaborador Cero, ha escrito un serie de entradas dedicadas a reflexionar sobre el estado de la educación escolar (julio de 2011). A continuación disponemos los enlaces correspondientes a sus textos en Club Pobrelberg.

Historia de un autoengaño

Una ilusión sin porvenir

De cada cual según su responsabilidad


sábado, 7 de julio de 2012

ENTREVISTA A DANIEL PENNAC

La Revista de Cultura del diario Clarín publica este mes una entrevista al pedagogo y novelista francés Daniel Pennac, que ha inspirado en buena medida la filosofía de este blog.

La entrevista puede verse en este enlace: entrevista a Pennac. No obstante, la reproducimos seguidamente.

Daniel Pennac: “El 99% de la literatura industrial es basura”

Las relaciones entre literatura y escuela han sido siempre complejas y el francés Daniel Pennac las aborda con notable oficio narrativo. En Señores niños le da una nueva vuelta de tuerca al tema. Aquí, habla de estas y otras obsesiones.

POR Hector Pavon


El inicio de Señores niños, de Daniel Pennac, está destinado a convertirse en un clásico universal. Un grupo de alumnos es reprendido por haberse burlado de su profesor, quien les impone el “castigo” de escribir una redacción a partir de esta consigna: “Despierta usted cierta mañana y comprueba que, por la noche, se ha transformado en adulto. Enloquecido, corre a la habitación de sus padres. Se han transformado en niños”. Es posible que el viejo profesor (también de Pennac) haya elaborado esta sanción creativa pensando en La metamorfosis de Kafka: el despertar monstruoso los ha convertido en adultos. Pennac estuvo en Buenos Aires, habló de su libro y, claro, de la educación.

Usted acostumbra a incluir en sus novelas a personas del mundo de la escuela real. ¿Se reencontró con alguno de ellos?

La mayoría ya ha muerto. Un profesor de filosofía, del cual hablo en este libro, me escribió diciendo “estoy muy halagado de haberlo marcado tanto en su vida, me impresionó mucho, sobre todo porque no tengo ningún recuerdo de usted”. Un profesor ve a ciento veinte alumnos por cada año de los cuarenta que trabaja como tal, lo que resulta cuatro mil ochocientos alumnos. El no se acordaba de mí, y es cierto que yo era un alumno bastante tapado, ocupaba mi lugar en el fondo de la clase.

¿Y cómo quedaron retratados los demás profesores?

El de francés era un hombre que transformó a muy malos alumnos. Y como yo era muy mal alumno, inventaba excusas por no haber hecho la tarea, decía mentiras. Y ese profesor, en lugar de enfrentar mis mentiras desde el ángulo moral, lo hacía desde la producción de una ficción, y me pidió que escribiera una novela. Es decir, él explotó mi aptitud y eso fue pedagógicamente genial.

¿Y esta ficción lo lleva a ver diferencias entre la escuela a la que usted asistió y la de hoy?

Sí. En mis tiempos, los niños no eran los clientes de la sociedad de consumo. Es decir, yo usaba la ropa que dejaban mis hermanos, comía lo mismo que mis padres, a la misma hora, íbamos de vacaciones al mismo lugar, todos juntos. Es decir, solamente los adultos eran clientes de la sociedad de consumo Hoy, los niños son clientes completos, como los adultos, de la sociedad comercial. Tienen teléfonos, ropas, alimentos, distracciones en particular. Desde niños tienen la tv en el cuarto que los bombardea con publicidades que se dirigen a sus deseos. Deseos, deseos, deseos, que entran en conflicto con sus necesidades que se vuelven elementales, esenciales. Y no lo son, son deseos superficiales. Las necesidades esenciales son de otra naturaleza: aprender a leer, a escribir, a comprender, a contar. Lo que caracteriza a la escuela contemporánea es ese conflicto entre necesidades y deseos.

Usted ha hablado del papel de la tv. ¿La tv educativa existe o es un oxímoron?

Eso depende de lo que uno pone en el adjetivo “educativo”. ¿Una tv informativa, es educativa? ¿Una tv cuyo rol es informarte únicamente que existe un nuevo IPod es educativa? No, es informativa. Ni siquiera. Es publicidad. Cuando mi hija era pequeña, no teníamos tv en casa y todo el mundo nos decía “ustedes están locos, no se va a integrar en la escuela porque allí todos hablan de eso…”. No me importa. Hoy ella tiene 30 años y es un ser de una independencia intelectual que me maravilla. No va a suicidarse si su tv se descompone –tampoco tiene–, no se va a suicidar si no cambia su teléfono. No tiene IPod. Estoy muy contento como padre de haber logrado eso.

¿Y la pedagogía, es un territorio de maestros, o los padres también deben ser pedagogos?

Los padres hacen lo que pueden en materia de pedagogía. Ya Freud le decía a los padres: “Hagan lo que quieran, siempre lo harán mal”. Porque la relación entre padre e hijo, entre madre e hijo, es demasiado implicada, empática para ser pedagógicamente eficaz. En pedagogía, es necesaria cierta indiferencia. Para que yo sea un buen profesor para vos, es casi necesario que no seas mi hijo, que yo no sea tu padre.

¿Es usted un buen lector?

¿Qué es un buen lector?

Alguien que puede reflexionar sobre lo que lee, que obtiene algo, que lo puede transmitir…

Había un crítico literario francés, Albert Thibaudet, que decía que había “lectores” y “leedores”. Entonces, Héctor, yo sería uno de los “leedores”, el que mantiene una relación intelectual con lo que lee, que puede cuestionar. Por supuesto, el libro me acompaña intelectualmente, es decir, que mi lectura no está estrictamente limitada a lo emocional. Sería eso, el lector limita su lectura a un conjunto de emociones: la comisión, la distracción, la risa...

Sólo en la Argentina se editan cerca de doscientos títulos mensuales. ¿No le genera cierta angustia saber que se edita tanto y que se puede leer tan poco?

No hay que tener miedo, porque eso sólo produce malos reflejos. Hay que categorizar. Hay muchos libros, sí, pero muchos no lo son. Habría que ver cuántos o cuáles de esos doscientos son “libros”. Excluís todos los que son artículos de diarios inflados; biografías de imbéciles, los que consideran que su vida es importante porque la televisión les dio el carnet de Andy Warhol. No los leés. Luego, están los libros de circunstancias, sobre un acontecimiento particular. Y eso suma el 80% de lo publicado. Quedarán una veintena de libros que serán novelas, ensayos importantes que permitan aclarar la actualidad, etcétera. El resto es basura.

¿Usted tira libros?

¿Si los tiro? ¡Claro!

¿Por qué?

¡Porque son malos! La edición se convirtió en una industria. Antes era un artesanado. Esa industria produce literatura industrial. El 99% de lo que produce la literatura industrial es basura. No son productos manufacturados, es literatura y asuntos sentimentales, estereotipados. Eso se tira.

¿Son necesarios los rituales para leer?

Creo en la fisiología del lector. En el acto de leer hay algo físicamente delicioso. El momento en que uno toma un libro y va al sillón: asociado al placer del texto, está la posición del cuerpo en un sillón. Creemos que nos sentimos solos con la lectura, pero en realidad, nos metemos en la escena. Es una especie de acto teatral íntimo. Uno pone la lectura en escena y nadie lo sabe, sólo nosotros. Los demás ven leer, sólo eso. Pero si hacemos el esfuerzo de descomponer ese acto, percibimos que hay una puesta en escena de la intimidad del lector con el libro.

 

 

martes, 29 de mayo de 2012

CULTURA DEL ESFUERZO

Una perspectiva neurocientífica


Cada día es más que evidente que la neurociencia avala las propuestas de la teoría de las inteligencias múltiples (Gardner). Por ejemplo, estudios sobre personas dotadas de oído musical absoluto (capaces de averiguar qué nota es cualquiera que oigan, o reproducir cualquiera que se les pida), manifiestan una gran actividad en áreas específicas de su cerebro, centradas en el plano temporal izquierdo. Se supone, además, que hay una base genética que favorece el desarrollo de esas áreas, complementado con la práctica continuada de la actividad musical (esfuerzo).

Según Gazzaniga, no es que la práctica intensiva, como el entrenamiento de los atletas, genere excelencia por sí sola, sino que la base genética predispone a una mayor facilidad para llevar a cabo esa práctica intensiva que favorece la excelencia. En esto, la neurociencia se opone a la teoría conductista del entrenamiento como factor determinante de la excelencia. Gazzaniga cita varios estudios (Richard Ivry y Anders Ericsson) realizados para mostrar una relación entre el factor esfuerzo y el resultado de la excelencia. Según Gazzaniga, estas interpretaciones conductistas son demasiado simples y confunden correlación con causalidad.

Ya hemos tenido ocasión de reflexionar sobre las teorías que entienden la excelencia como resultado del esfuerzo mecánico, a modo de entrenamiento intensivo. En esta entrada (cultura de l'esforç) hay un vídeo donde un jovencito japonés pasa muchas horas haciendo operaciones aritméticas. Sin embargo, el hecho de que en cada persona pueda darse una predisposición natural hacia algún área intelectiva (cinética, musical, social, lingüística, matemática, etc.), y al margen de un predisposición genética hoy por hoy no demostrada tajantemente, explica que una persona concreta será más proclive a dedicar más tiempo a la práctica de determinadas actividades, de forma que va adquiriendo mayor competencia en ese campo, a la vez que su cerebro se va modificando en esa misma dirección, hasta alcanzar ciertos niveles de excelencia. Pero ese logro no debe considerarse efecto de una actividad de esfuerzo, en el sentido de entrenamiento intensivo que supone enormes sacrificios y renuncias, sino efecto de una actividad quen produce placer: el músico dedica más horas a practicar su instrumento porque precisamente disfruta de esa actividad.

De esta forma se desmonta el argumento conductista puro sobre la excelencia como fruto de una actividad de esfuerzo. Michael Jordan, reflexiona Gazzaniga, consigue trofeos en la NBA, pero seguramente no podría conseguir un Nobel en Física, aunque dedicase el mismo esfuerzo a esta actividad. No lo hará si no se siente cómodo en ella, porque es una actividad muy específica que requiere cualidades propias de un tipo de inteligencia específica; por la misma razón, un Noble de Física no ganarña trofeos en la NBA por muchas horas que practique en la cancha. 

La excelencia no es fruto del esfuerzo, sino del placer.

Héloïse La Nouvelle







BIBLIOGRAFÍA
Gazzaniga, M., El cerebro ético.Barcelona, Paidós, 2006, cap. 4.

________________________________________________________________


domingo, 27 de mayo de 2012

CULTURA DE L'ESFORÇ

He trobat un audio d'un programa de ràdio on es connecta la crítica al sistema educatiu amb l'implementació de mesures que pretenen afavorir el resultats amb més esforç acadèmic i assignatures per crear nous emprenedors. Tanmateix, l'autor proposa un altre model d'estudi, d'escola, i de pràctica econòmica, a partir de la figura d'Spinoza. Tota una troballa. A més, l'audio va acompanyat d'una imatge força optimista...


Héloïse La Nouvelle