DEDICATORIA

Este blog está dedicado a los padres que se pasan horas y horas ante el televisor, mientras sus hijos pasan horas y horas ante la consola, y también está dedicado a los maestros que van al trabajo como quien va a la oficina, como una rutina más de su vida, que han perdido el afán de aprender (¿lo tuvieron alguna vez?) y por ello son incapaces de transmitir el más mínimo entusiasmo por los misterios del mundo a sus desafortunados alumnos.

sábado, 20 de julio de 2013

CENTROS CONCERTADOS MÁS QUE POLÍTICAMENTE INCORRECTOS


No es saludable dedicar el tiempo a aquellas cosas que causan nuestro desagrado y desaprobación. En este punto, por cierto, radica una de las principales diferencias entre una persona con ideología de izquierdas y otra con ideología de derechas, porque a este último tipo de personas, por lo general, les encanta recrearse en lo más obsceno y morboso. Sólo hay que leer las páginas del derecho canónico dedicadas a la sexualidad para percatarse de ello. Pero, por otra parte, es irresponsable no dedicar parte de nuestro tiempo a algunas cosas que nos indignan cuando aquellas mismas cosas son causas de injusticias y nuestro silencio podría interpretarse como una vergonzante resignación o lo que es peor como un mezquino consentimiento. Sobre todo cuando el asunto a considerar es la educación, uno de los derechos fundamentales del ser humano hoy en día seriamente amenazado desde gobiernos de derechas al obsesionarse las clases dirigentes con la posibilidad que las clases subalternas tengan mayor ilustración, no sea que un operario lea La voluntad de poder de Nietzsche, ¡qué horror!, y muerda la cabeza de quien le ahoga. Y no me refiero aquí a la educación que se da en los centros públicos, sometidos la mayoría de ellos a una competencia desleal por parte de los centros concertados, una práctica fomentada por la propia administración educativa que regala conciertos bajo las prostituidas ideas de libertad e igualdad de oportunidades, sino que me refiero a aquellos centros privados o concertados en los que se sacrifica la calidad, el servicio público y los fines sociales de la educación por el más grosero ánimo de lucro propio de una empresa puramente mercantil, tal como sucede en el colegio concertado en el que trabaja un amigo, situado en la zona alta de Barcelona, de cuyo nombre debo guardar aquí un prudente silencio por razones jurídicas, y cuya titularidad pertenece a una acomodada familia de apellidos catalanes pero de habla castellana y que gobierna su negocio con mentalidad franquista.

Siempre me ha llamado la atención la omisión de referencias directas a centros de enseñanza en la mayor parte de escritos sobre educación. En algunos libros o artículos tal vez encontremos unos pocos ejemplos de buenas prácticas pedagógicas y de organización escolar, pero es casi seguro que perderemos el tiempo si buscamos ejemplos negativos. ¿Por qué no se pone a deliberación pública las actuaciones políticamente incorrectas que se vienen realizando en algunos centros concertados cuando no se cumplen las leyes o bien sus titulares tienen conductas inmorales? ¿Por qué toda la información académica y empresarial de esos centros se mantiene fuera del alcance de los ciudadanos que financian con sus impuestos el concierto de esos mismos centros? Si un ciudadano no tiene matriculado a su hijo en un centro concertado, dicho centro no tiene ninguna obligación de informarle de sus resultados académicos o de la gestión de su concierto. Pero, ¿en base a qué principio de justicia en un Estado democrático como se supone que es el nuestro se restringe al ciudadano el acceso a la información de las actividades de una institución básica de dicha sociedad como es la escuela? ¿Es razonable anteponer el derecho a la democracia y tratar como asunto particular y no público los actos ilegales o inmorales que puedan realizarse en un centro concertado, cuando la escuela es donde deben formarse los ciudadanos del mañana en la obligación para con las normas legales  y morales consensuadas y, por tanto, es una institución social que tiene que dar ejemplo de civilidad y civismo? Al gobierno de la Generalitat le faltó tiempo para crear una web que fomentaba la delación de ciudadanos contra las actividades de los activistas del 15-M y de los sindicalistas más comprometidos en las manifestaciones y jornadas de huelga contra la injusticia imperante en nuestro sistema social, pero brillan por su ausencia las iniciativas y actuaciones contra aquellos empresarios sin escrúpulos que hacen de la educación un lucrativo negocio con la doble financiación de fundaciones y ampas, de una parte, y por otra parte de fondos públicos.

Pues bien. Sirva como botón de muestra de esos inefables colegios el que aquí denuncio ante la opinión pública por diversos motivos, como las irregularidades cometidas en el cumplimiento del recientemente aprobado X Convenio Colectivo Autonómico de la Enseñanza Privada de Cataluña –que tal vez sea el último a la vista de la falta de voluntad negociadora de las patronales del sector que han demorado su firma tres años-- y en su inmediata modificación mediante pacto privado para exclusivo beneficio de los titulares del centro, así como la utilización de fondos públicos para incrementar los beneficios empresariales en lugar de destinarlos a las inversiones y los gastos previstos. Ignoro la recepción que pueda tener este escrito, pero ese tipo de actuaciones no puede quedar impune. Que empuje al lector con hijos en centros concertados a informarse al respecto, a contrastar la veracidad de todo lo aquí expuesto en el centro de su hijo y considerar que es un deber democrático ejercitar el pensamiento crítico con un sentido moral contra los casos de injusticia, en particular en un centro de enseñanza, porque de su resultado depende no sólo la calidad de la educación de nuestros hijos, sino también la calidad de nuestra democracia.

En relación a esa lesiva omisión para la defensa de una educación de calidad, cabe considerar la existencia de dos discursos sobre la educación: el académico centrado en programas y modelos, de un parte, y por otra parte, el mundano centrado en los colegios. Raras son las veces que aparecen referencias a escuelas en los tratados o ensayos pedagógicos de los expertos, ya sea por escrúpulos a no hacer publicidad de los centros valorados positivamente o evitar polémicas y procesos judiciales con los centros valorados negativamente, mientras que es común entre los padres hablar de la escuela de sus hijos, de sus equipamientos y de los buenos y de los malos profesores, en las conversaciones con familiares y amigos. Y más raro aún es encontrar en los medios de comunicación, salvo que se hayan cometido delitos, la noticia sobre malas prácticas pedagógicas en algunos olegios que podrían juzgarse como políticamente incorrectas por sus efectos perjudiciales en la confianza del sistema educativo.

Como muestrario de algunas de esas prácticas que podemos encontrar en algunos centros concertados, cabe destacar aquí las siguientes:

a.     el incumplimiento del convenio del sector (por ejemplo, no pagar las horas complementarias exigiendo a los maestros o profesores afectados su permanencia en el centro);
b.     la desviación de cantidades del concierto que se utiliza para incrementar los beneficios (por ejemplo, emplear un profesor de refuerzo como profesor titular, utilizar la séptima hora de tutoría de aula en la ESO como hora lectiva o bien no destinar para su fin los recursos percibidos para equipamientos de aula);
c.     la organización con ánimo de lucro de actividades de formación del profesorado financiadas con fondos europeos (por ejemplo, programar más horas de las realmente impartidas);
d.     la vulneración de los derechos laborales de los docentes (por ejemplo, presionar cuando no coaccionar para la firma de un pacto privado ya sea para un recorte salarial ya sea para una pérdida de horas sin recibir ninguna indemnización por ello);
e.     la persecución sindical (por ejemplo, hacer mobbing al delegado de personal  que no se deje comprar y que ejercite como tal);
f.      los precios abusivos en los menús escolares sin relación con la calidad y cantidad de los alimentos (por ejemplo, en menús de 9 euros la ausencia de criterios dietéticos y nutricionales como evidencia el predominio de las frituras de alimentos precocinados o la prohibición de repetir la única pieza de fruta del postre),
g.     el desprecio a las reglas de gobierno democrático del centro (por ejemplo, organizar con secretismo la elección al Consejo Escolar y designar a dedo desde la titularidad a los diversos representantes del centro),
h.      o el engaño a las familias con hijos que requieren una atención especial por parte de especialista que no tiene el centro (por ejemplo, no disponer de ningún protocolo para los casos de dislexia, discalculia, TDAH o Asperger).

No hay que tener mucha imaginación para llegar a la conclusión que los resultados de unas conductas tan negativas son incompatibles con la calidad que requiere la buena educación. Y no dejan de sorprenderme las elevadas expectativas que declaran las familias al matricular a sus hijos en algunos centros concertados al mismo tiempo que hacen una completa abstracción de esas conductas. En todos los años que en calidad de tutor he tenido una relación directa con las familias en el centro concertado en el que trabajo nunca se me ha solicitado información al respeto y son poquísimos los casos que he conocido del cambio de centro de un alumno a causa de alguna de esas conductas. Naturalmente cuesta creer que en un mismo centro se pueda encontrar el muestrario completo expuesto más arriba, porque iría contra la más mínima lógica empresarial si lo que de verdad se quiere es garantizar la viabilidad del centro y una percepción social positiva por parte de todos los miembros de la propia comunidad educativa que asegure los vínculos de fidelidad y complicidad con la titularidad del centro. Sin embargo, la realidad supera siempre la ficción y cuando a la incompetencia se suma la codicia no cuesta encontrar un centro con este lamentable record, como es el caso del colegio en el que trabaja mi amigo, una anomalía pedagógica en el sistema educativo catalán como su misma marca comercial ya apunta, pues su nombre  no responde a ninguna convención gramatical, que para cualquier otra empresa se podría aceptar la licencia, pero para un centro de enseñanza es un desatino. Imaginemos por un momento que una puta de aires afrancesados, pero sin conocimientos gramaticales, que se hiciera llamar Stel·la quisiera ampliar el negocio del burdel que regentase y abriese un parvulario con el mismo nombre animada por su reciente maternidad. Pues como que no sonaría bien ni sería políticamente correcto.

Dicho esto, y sabiendo que ese inefable colegio tiene una existencia de más de 50 años, más de un lector de este escrito podría llegar a pensar que tan mal no lo puede estar haciendo una titularidad que dirige el centro desde hace tantos años. Que el hecho de su larga pervivencia bastaría para deslegitimar las acusaciones que aquí se vierten. Y hasta yo mismo pondría en duda una acusación semejante ante una prueba de tanto peso como la simple permanencia en el tiempo. Sin embargo, el hecho que hasta hoy en día ese colegio no se haya enfrentado a ninguna clase de conflicto laboral colectivo, en buena medida por la pasividad de los delegados de personal de la USOC votados elección tras elección con el plácet de la titularidad, y que tampoco haya tenido  apenas incidencias con la inspección educativa más allá de las negligentes actuaciones del equipo directivo, no significa que mañana suceda lo mismo. Bastaría con que uno de sus delegados de personal ejerciera como tal y denunciase a las administraciones competentes todas las irregularidades que continúan realizándose para que la situación cambiase radicalmente. Lo mismo que bastaría que un pequeño número de padres ejercieran como tales y denunciase a esas mismas administraciones la violencia simbólica y el maltrato psicológico que algunos maestros y profesores, con la complicidad de la dirección, infringen a los alumnos para movilizar a toda la comunidad escolar en contra de esas aberraciones educativas y cambiar con ello la dirección pedagógica del centro. De hecho, se ha llegado a tal extremo de abusos y despropósitos por parte de los titulares que algo de eso está comenzando a suceder. Por otra parte, no puede atribuirse únicamente a la actual crisis económica o a la mala suerte la fuerte caída de matrícula de este colegio, significativamente superior a la del resto de centros de su distrito, lo que está provocando la pérdida de unidades concertadas en la ESO y que en breve tiempo toda la enseñanza secundaria pueda llegar a tener sólo una línea, como sucede en la enseñanza infantil y primaria. Un colegio que en los últimos tres años ha perdido a más de 100 alumnos antes de que éstos concluyan sus estudios obligatorios o postobligatorios, con unidades que han tenido un 25% de bajas, no se puede decir que tenga una buena dirección y que algunos tutores estén haciendo bien su trabajo. Y en buena medida es el resultado del pésimo clima laboral y pedagógico en el que trabajan los maestros y los profesores sin más motivación, en la mayoría de ellos, que la de conservar el puesto de trabajo aguantando temerosamente los agravios y las humillaciones de los responsables del centro.

Entiendo que el silencio de los expertos y de los medios de comunicación en relación a centros que son más que políticamente incorrectos se puede explicar porque una deliberación pública es una espinosa cuestión que puede comportar una demanda judicial por parte del centro estigmatizado. Por otra parte se puede pensar que ya existen cauces para denunciar la información engañosa o la mala fe contractual, como la inspección educativa o la magistratura de trabajo. Y que son, además, asuntos entre particulares y por tanto no tienen interés para la opinión pública. Sin embargo, la actual administración educativa, salvo que se produzca una alarma social con el consiguiente coste electoral, pasa como sobre ascuas por encima de la fiscalización de los conciertos, así como por encima del cumplimiento de la legalidad vigente, al existir una manifiesta connivencia con el sector privado. Además, desvincula las resoluciones judiciales de la renovación de los conciertos, por lo que los centros concertados pueden ser condenados por toda clase de ilegalidades sin que ello comporte la pérdida del concierto, que se garantiza simplemente por la ratio de alumnos. Por otro lado, en el actual contexto de crisis y con las elevadas cifras de desempleo existentes, es muy poco probable que los docentes lleguen a denunciar a los titulares de sus centros si son víctimas de abusos. De hecho la mayoría de los asalariados en nuestro país ha manifestado en recientes encuestas de opinión que preferirían una rebaja en sus condiciones contractuales antes de quedarse sin empleo, incluso  ante una situación hipotética. Así pues, pocas actuaciones cabe esperar por esos dos cauces. Por lo que los miembros más débiles de la comunidad escolar en los centros privados o concertados, los docentes, quedan en una situación de desamparo frente a las conductas inmorales en unos casos e ilegales en otros casos por parte de algunos titulares.

Sin embargo,  no hay que resignarse a la injusticia. Hay que combatirla con ira y con valentía porque sólo de este modo podemos albergar la esperanza de un futuro mejor. No podemos tomar a un maestro o a un profesor como un buen ciudadano y un buen educador de ciudadanos si teme la libertad y no se compromete a luchar contra las situaciones injustas que vive o percibe en los otros ciudadanos. Conozco a unos cuantos docentes --pero menos de los que me gustaría-- que no tienen ningún reparo ni duda en reconocer el derecho de los ciudadanos a oponerse a la injusticia, incluso dedican parte de su tiempo a la difusión de este derecho entre fundaciones y ONGs, pero al mismo tiempo son incapaces de asumir en su vida laboral ese mismo derecho y solidarizarse con los compañeros que padecen las mismas injusticias. La escuela y el instituto no es diferente a otros servicios públicos y lugares de trabajo en los que se libra en la actualidad el combate por la justicia. Tal vez la naturaleza del trabajo que allí se realiza lleve a la falsa creencia que no existe alienación económica o enajenación de la propia vida. Que el grado de sublimación que permiten los procesos de enseñanza y aprendizaje nos hacen a los docentes inmunes a la injusticia. Pero esto no son más que fantasías, formas de autoengaño que nos ayudan a no tomar partido, a mantener una autocomplaciente neutralidad para tratar de salvar lo que todavía no nos han recortado y evitar la incomodidad y el riesgo de la confrontación con nuestros empleadores. En el fondo no es más que una suspensión de nuestra responsabilidad moral, cuando en verdad lo que deberíamos suspender es el avance de la injusticia. Y en este combate que debemos librar contra la injusticia el arma más eficaz que tenemos a nuestra disposición es la palabra veraz y honesta, el compartir con todos los posibles afectados nuestros juicios acerca de aquellas conductas que podemos llegar a calificar, a la vista de las ideas que conforman nuestros principios y valores morales, de injustas. Y con más razón hay que hacerlo en aquellas instituciones sociales que, como la escuela o el instituto, toman la palabra como el mejor instrumento para nuestra socialización y configuración de nuestra identidad cultural. En este sentido, la situación de injusticia que se vive en el inefable colegio en el que trabaja mi amigo trasciende la anécdota del caso particular para convertirse en una ineludible interpelación a nuestra conciencia moral. No podemos permitir que en uno solo de los colegios de nuestro país prevalezca la injusticia. Bastaría que un solo docente de cada uno de esos centros denunciase también ante la opinión pública su respectiva situación de injusticia para acabar de este modo con la impunidad en la que están cómodamente instalados los titulares de esos mismos centros. Yo ofrezco mi mano para el relato de esas denuncias si se me informa al respecto. No podemos obviar que la educación que en esos colegios se practica no es compatible con la democracia ni con la dignidad de las personas.

August Mann

jueves, 11 de julio de 2013

ESCUELA Y PODER EN MICHEL FOUCAULT

Nos hacemos eco de una entrada dedicada a la reflexión de Foucault sobre la escuela y las estructuras de poder. Contenido y comentarios nos han parecido sumamente pertinentes e interesantes. La entrada es de enero de 2013, pero los comentarios se han ido sucediendo a lo largo de los últimos meses y prometen seguir.

Puede leerse en este enlace.

viernes, 10 de mayo de 2013

1000 VISITANTES MÁS

Según se puede ver en nuetras estadísticas, en cosa de un mes hemos añadido más de 1000 nuevas visitas a nuestra web, cosa que nos anima a seguir trabajando en esta dirección. Gracias a todos.

5000 visitas

Éstas son las fuentes de origen de nuestras visitas en el último mes: Francia, España. Estados Unidos, Rusia, India, etc...


sábado, 4 de mayo de 2013

A. S. Neill y la escuela de Summerhill

Entrada dedicada a recoger algunos documentos en vídeo sobre Neill y la escuela de Summerhill




Documento grabado en 1964, con audio en inglés e imágenes en blanco y negro






Breve documental en español sobre la escuela de Summerhill





Enlace a la página oficial de Summerhill School







martes, 16 de abril de 2013

SUMMERHILL BAJO INSPECCIÓN

En 1949, dos inspectores del Ministerio de Educación inglés visitaron Summerhill, y elaboraron un informe muy interesante sobre la escuela de A. S. Neill, quien incluyó una copia derl mismo es su libro sobre la escuela, publicado en 1960. Es un informe muy interesante, donde resalta la intención de objetividad de los inspectores, la amplitud de sus horizontes y su deseo de llevar a cabo su trabajo para provecho de los niños internados en Summerhill. Algo que se echa de menos en estos pagos y en estos tiempos en que los inspectores son funcionarios acomodados en la burocracia, en ocasiones antiguos docentes que descubrieron tarde que carecían de vocación y tiraron para lo fácil, condicionar a los docentes imaginativos para no salirse de la vía oficial.

Incluimos las páginas correspondientes al informe, y después siguen unas anotaciones del propio Neill.










Notas de A. S. Neill



FUENTE: A. S. Neill, Summerhill. México, FCE, 2010, págs. 76-85.

Héloïse La Nouvelle



miércoles, 10 de abril de 2013

5000 VISITAS

SABEMOS QUE TODAVÍA NO ES MUCHO, PERO LLEGAR A 5000 VISITAS ERA IMPORTANTE, SOBRE TODO EN UNA COYUNTURA DE CRECIMIENTO. DAMOS LAS GRACIAS A NUESTROS SEGUIDORES.






LO CELEBRAMOS CON UNAS CITAS DE A. S. NEILL

“Una escuela que obliga a niños activos a sentarse en pupitres para estudiar materias en su mayor parte inútiles, es una escuela mala. Sólo es una buena escuela para quienes creen en semejante escuela, para los ciudadanos sin ánimo creador que quieren niños dóciles, no creadores, que encajen en una sociedad cuya norma de éxito es el dinero.”


“La función del niño es vivir su propia vida, no la que sus impacientes padres desean para él, ni la que esté de acuerdo con el propósito del educador que cree saber qué es lo que más le conviene. Todas estas interferencias y guías por parte de los adultos sólo producen una generación de autómatas. No podéis hacer a los niños aprender música ni ninguna otra cosa sin convertirlos en cierto grado en adultos abúlicos. Los convertís en aceptantes del statu quo, cosa buena para una sociedad que necesita individuos dócilmente sentados en escritorios tristes, parados tras los mostradores, que tomen mecánicamente el tren suburbano de las 8:30; en resumen, una sociedad sustentada sobre las raídas espaldas de hombrecillos amedrentados, de conformistas mortalmente asustados.”


“En la mayor parte de escuelas en las que enseñé, la sala del personal era un pequeño infierno de intrigas, odios y celos. Nuestra sala del personal es un lugar feliz. No existen los rencores tan frecuentes en otras partes. Con la libertad, los adultos adquieren la misma felicidad y buena voluntad que adquieren los alumnos. Algunas veces, un individuo nuevo de nuestro personal reacciona a la libertad de un modo muy parecido a los niños: puede andar sin afeitarse, estar hasta demasiado tarde en la cama, y hasta infringir las leyes de la escuela. Felizmente, el librarse de complejos lleva mucho menos tiempo en los adultos que en los niños.”


“No tenemos métodos nuevos de enseñanza, porque no creemos que importe mucho la enseñanza en sí misma. El que una escuela tenga o no un método especial para enseñar la división no abreviada carece de importancia, porque la división no abreviada carece de importancia salvo para quienes quieran aprenderla. Y el niño que quiere aprender la división no abreviada la aprenderá sea como sea que se le enseñe.”

A. S. Neill, Summerhill. México, FCE, 2010.

domingo, 7 de abril de 2013

SUMMERHILL: un clásico de la pedagogía crítica (1960)

LA RUTINA ESCOLAR 
EN SUMMERHILL





FUENTE: A. S. Neill, Summerhill. Un punto de vista radical sobre la educación de los niños. México, Fondo de Cultura Económica, 2010, págs. 27 y 28.

sábado, 30 de marzo de 2013

APUNTES SOBRE LA EDUCACIÓN EN COMPETENCIAS



Después de haber leído el artículo de Olmedo Beluche sobre los fundamentos y vacíos de la educación por competencias, que publicamos recientemente en este espacio (en este enlace), por cuestiones de documentación comencé a leer un texto clásico, la Paideia, de Werner Jaeger, escrito los años 20-30 del siglo XX, y dedicado a analizar el proceso histórico de formación de los ideales de la cultura griega, en vistas a su aplicación en los procesos educativos. Es decir, una especie de revisión histórica muy detallada sobre para qué educaban los griegos a sus niños y jóvenes, qué pretendían hacer con sus personas y sus espíritus.

Para quien esté interesado en este gran libro, puede hallarlo en versión digital en este enlace, previa subscripción gratuita a http://www.4shared.com/. Es un servidor de archivos compartidos.




Es un libro enorme, más de 1100 páginas, de las cuales he leído apenas 50 y puedo asegurar que, desde una perspectiva de pedagogía crítica, el subidón de adrenalina es superior al del Dragon Khan de Port Aventura. En estas primeras páginas, Jaeger analiza los comienzos de la educación en las primeras sociedades griegas, las monarquías micénicas y después en las ciudades estado regidas por una aristocracia agraria cerrada e inmovilista.

Son sociedades donde existe una clara diferenciación entre la masa de hombres ordinarios, el pueblo llano dedicado a las tareas agrícolas y de pastoreo, o a la artesanía y al incipiente comercio marítimo, y la casta superior, dirigente, que controla los ejes de la economía local y el poder político, y en consecuencia, maneja la producción transmisión de las ideas, en el interior de su círculo y de éste hacia fuera.

La lectura del artículo de Olmedo Beluche me ha permitido conectar algunas ideas que aparecen en el texto de Jaeger: las formas educativas arcaicas reproducen la misma diferenciación que hay en la sociedad, en el ámbito de la actividad económica y política. Hay una educación apropiada para los hombres ordinarios (la techné), basada en la transmisión de habilidades profesionales en el seno de las familias, y una educación específica para los miembros de la aristocracia, herederos de una serie de virtudes, la areté, exclusivas de esa casta superior, que han de cultivar adecuadamente para poderlas desarrollar en la vida adulta. En ambos casos, los procesos de aprendizaje implican elementos adaptativos y de reproducción de las formas tradicionales, aceptadas por cada nivel social como propias. El hijo del alfarero aprende a manejar el torno y a manipular el barro para adaptarse a las exigencias de su entorno económico y tecnológico, para sobrevivir económicamente y, a la vez, perpetuar tales formas de vida, que transmitirá a las siguientes generaciones. El hijo del noble aprenderá a manejar el arco, el carro, la espada, modales cortesanos y el uso de la palabra para, a su vez, adaptarse a las exigencias de su propio entorno social y perpetuar esos privilegios en las siguientes generaciones y también la diferencia con el resto de los pobladores de la ciudad.

Sin embargo, se introduce aquí un elemento diferenciador que nos ha hecho pensar en el tema de la educación en competencias. ¿Para qué se educa en competencias? Todas las culturas arcaicas han preservado las formas de producción mediante sistemas más o menos sofisticados de transmisión de las habilidades profesionales, lo que Abbagnano denomina educación cultural, es decir, que la cultura, es decir, usos, costumbres, formas de hacer, habilidades técnicas, etc., se tiene que transmitir a los nuevos miembros de la comunidad para garantizar la supervivencia del grupo, sea grande o pequeño. Así, la educación en las sociedades primitivas está orientada básicamente a garantizar la transmisión y la reproducción de esos conocimientos experienciales y sapienciales que componen la cultura del grupo, de una generación a otra (puede leerse la Historia de la pedagogía de Abbagnano en este enlace).



En este punto, el proceso de enseñanza y aprendizaje no está necesariamente institucionalizado, no necesita escuelas sino adultos competentes en cada una de las materias y habilidades susceptibles de transmisión. Jaeger añade que hay en estos procesos la ausencia de una voluntad consciente de transformar al sujeto en un producto de esa cultura. Todos los pueblos educan, pero la falta de esa voluntad consciente se explica en el hecho de ser la educación una “función tan natural y universal de la comunidad humana, que por su misma evidencia tarda mucho en llegar a la plena conciencia de aquellos que la reciben y la practican” (Paideia I, 1). Esta ausencia de voluntad consciente es un rasgo de todos los pueblos primitivos, incluidos los griegos arcaicos.

En general, estas sociedades primitivas se caracterizan por la necesidad de inmovilizar las prácticas sociales como medio de asegurar la supervivencia del grupo. Los contenidos de su cultura están destinados a ser recreados, copiados y reproducidos, protegidos de toda variación e innovación. Es el arcaico nosotros hacemos las cosas así.



Estas culturas, dice Abbagnano, desarrollan estrategias pedagógicas orientadas a preservar la cultura en una situación estática para mantener el orden natural de la sociedad y prevenir toda alteración. Estas estrategias están basadas en:



  • Mecánica mnemotécnica, repetición, copia, memorización.
  • Evitación de la creatividad y originalidad.
  • Elusión de la individualidad de los educandos.
  • Acceso restringido a la formación superior, que sólo puede conseguirse por contacto con la casta dotada de ese conocimiento superior, que lo transmite sólo a los que ya pertenecen a ella por herencia, sangre, etc.

He aquí la gran diferencia entre unos procesos educativos dirigidos a los hombres que se dedican a la producción económica, y los que han de aplicarse a quienes va a ser los detentadores del poder político y del sistema de reproducción de las formas de vida, es decir, la transmisión de la cultura como forma de inmovilizar y perpetuar esas diferencias entre los pocos mejores y la mayoría ordinaria. La educación separada de las clases altas conduce al afianzamiento de la separación de castas, a su rigidez: la educación tiende a la diferenciación social, y es un proceso que siempre favorece a los aristócratas (Paideia I, 1).


Comienza así a configurarse muy tempranamente un conjunto de ideales educativos, un para qué educar, orientado a la básica función de diferenciar a los miembros de la casta superior respecto del resto de los hombres ordinarios. Se trata de dar una formación distinguida, consciente y de acuerdo con los imperativos de las costumbres cortesanas, que no es posible adquirir fuera de este círculo privilegiado (Paideia I, 2). Tan tempranamente que esas formas de educación privilegiada ya son descritas en las partes más modernas de la Ilíada y en la Odisea, obras ambas pertenecientes a la tradición oral recopilada por Homero entre los siglos IX y VIII a. C.

Y esa gran diferencia entre la arcaica educación en competencias para los hombres ordinarios y la educación de los hijos de los nobles radica en una intencionada atención a la formación del espíritu. “La educación, considerada como la formación de la personalidad humana mediante el consejo constante y la dirección espiritual, es una característica típica de la nobleza de todos los tiempos y pueblos. Sólo esta clase puede aspirar a la formación de la personalidad humana en su totalidad; lo cual no puede lograrse sin el cultivo consciente de determinadas cualidades fundamentales” (Paideia I, 2), al que no pueden acceder los hombres ordinarios, obviamente porque no disponen de los medios, ni del tiempo, ni del entorno adecuados.

Telémaco y su tutor, Mentor

El modelo educativo que describe entre los cortesanos griegos es el mismo modelo tutorial sobre un solo alumno que siglos después propondrán Locke y Rousseau, orientado especialmente a la formación de un educando de buena familia, el hijo del squire o gentleman, o el joven Emilio. La buena educación, la de calidad, es una areté, reservada a las clases superiores, mientras que el pueblo llano sólo puede aspirar a una mera techné, un aprendizaje de prácticas y habilidades destinadas a preservar su posición social, a inmovilizar su destino dentro de sus funciones económicas, y a garantizar que las ejercerá con total competencia.

Volviendo al artículo de Olmedo Beluche, no se trata tanto de desdeñar la educación en competencias como de situarla correctamente en el proceso pedagógico. Aprender a trabajar el barro en el torno puede ser tan necesario y conveniente como aprender a buscar información en google o a usar programas como excel y word. En la educación no podemos olvidar dos tensiones esenciales: la realidad que nos exige y los ideales que pretenden modificarla. Tarde o temprano, la realidad exigirá de los niños y jóvenes que se adapten a las condiciones del mercado laboral, establecidas por las empresas y los diversos factores productivos y políticos de nuestra sociedad; pero eso sin desdeñar la formación de los nuevos miembros de la sociedad en vistas a unas finalidades transformadoras, con la vista puesta en el cambio de las formas de producción que la educación por competencias, por sí misma, tienda a perpetuar. La adquisición de competencias no es perjudicial para los niños, salvo que esas habilidades sean lo único que esos niños vayan a adquirir en el curso de su educación. Sin embargo, parece que la escuela pública está obsesionada con la implementación de estos elementos como parte esencial de currículum, al tiempo que desdeña, recorta y convierte en optativos elementos más llenos de contenidos, de historia y de reflexión, que encajarían más en una formación del espíritu, aunque empobrecida por las metodologías estandarizadas de la escuela pública.

Una vez más, las castas superiores se reservan la mejor parte del pastel. La escuela privada se empeña en la transmisión de valores, en el cuidado del espíritu, en la formación de la persona, más allá de la adquisición de competencias, que también. Como en las cortes micénicas, los valores transmitidos conformarán esa areté exclusiva, sólo compartida por los miembros del círculo mágico (ese gran círculo de contactos personales y económicos), con el fin de perpetuar la diferencia y conservar los privilegios políticos, económicos y sociales.





Bibliografía:

Abbagnano, N., & Visalberghi, A., Historia de la pedagogía. México, FCE, 1992.

Jaeger, W., Paideia. México, FCE, 1957. 


Héloïse La Nouvelle